Vivir en España: cómo se siente la seguridad para quienes venimos de Latinoamérica

Uno de los primeros impactos al llegar a España —especialmente si vienes de cualquier país de Sudamérica— es la manera en que cambia tu relación con la seguridad. No se trata solo de estadísticas o noticias: es una sensación cotidiana, algo que se vive en cosas pequeñas, en rutinas simples que allá se vuelven impensadas o que, al menos, requieren mucha más atención y cuidado.
Quienes venimos de Latinoamérica cargamos con un hábito instalado: mirar siempre por encima del hombro, mover el celular de mano para no mostrarlo demasiado, evitar ciertas calles, calcular horarios de returno y evitar el transporte público de noche. Esa sensación de alerta permanente, que en nuestros países es normal, en España simplemente… baja. Y baja muchísimo.
Esto no significa que España sea un país sin delincuencia. No existe ningún lugar del mundo completamente libre de riesgos. Aquí también hay robos, especialmente de tipo oportunista, como carteristas en zonas turísticas o hurtos en lugares concurridos. Pero lo que cambia —y cambia profundamente— es el nivel de violencia asociado a esos delitos y, sobre todo, la sensación de seguridad con la que te mueves en tu día a día.
Sensación de seguridad
Es muy común que, después de unas semanas viviendo aquí, te sorprendas haciendo cosas que antes jamás hubieras imaginado: caminar de noche sola/o sin miedo, usar el móvil en la calle sin esconderlo, tomar transporte público a cualquier hora sin estar en tensión, dejar que tus hijos adolescentes se muevan por la ciudad con sus amigos, incluso volver en bicicleta o a pie por calles tranquilas sin experimentar esa alarma interior tan conocida en nuestros países.
El transporte público es un ejemplo muy gráfico. Tanto en metro como en bus o tren, lo habitual es que los trayectos sean tranquilos. Ves gente leyendo, usando el celular abiertamente, adolescentes volviendo de sus actividades, personas mayores viajando solas incluso de noche. No es que no pueda pasar algo; es que lo normal es que no pase. Y ese “normal” es un alivio difícil de describir si vienes de un contexto donde la inseguridad se vive diariamente, aunque no siempre lo reconozcamos.
Otra diferencia importante es que la delincuencia en España rara vez está ligada a violencia física. La mayoría de los robos son sin confrontación directa. Esto genera un entorno donde puedes relajarte más, porque el miedo principal deja de ser un ataque violento y pasa a ser, a lo sumo, que te descuides con un bolso o el móvil en una zona concurrida.
Recuperar espacios de vida
La sensación generalizada es que España te permite recuperar espacios de vida que en muchos países de Sudamérica se han ido restringiendo: caminar tranquilo, salir a cenar sin pensar en cómo volverás, dejar que tus hijos hagan actividades por su cuenta, disfrutar del espacio público, usar la ciudad sin miedo. Y ese impacto emocional no es menor. Al principio incluso aparece la culpa o la sospecha: “¿Será normal que me sienta tan tranquila? ¿Será que estoy bajando demasiado la guardia?” Pero con el tiempo te das cuenta de que lo que estás experimentando no es ingenuidad: es libertad.
Por supuesto, esto no elimina la importancia de ser prudente. En zonas turísticas como el centro de Barcelona o Madrid hay carteristas muy hábiles y, como en cualquier país, siempre es importante estar atento. Pero vivir con atención no es lo mismo que vivir con miedo. Y España, para quienes llegamos desde países con niveles de inseguridad mayores, permite por primera vez en muchos años experimentar esa diferencia.
Migrar no es solo cambiar de país, papeles o clima: también es cambiar de ritmo interno. Y la seguridad —o, más exactamente, la tranquilidad— es uno de los aspectos que más transforman la vida cotidiana aquí. No soluciona todos los desafíos de migrar, pero sin duda hace que el proceso sea más amable, más respirable y más llevadero para toda la familia.
Para muchas personas, ese simple hecho —poder vivir sin miedo— ya es un motivo suficiente para considerar un proyecto de vida en España.
Creadora de Plan España. Chilena y madre de cuatro hijos, vive en Barcelona y acompaña a familias latinoamericanas que están evaluando migrar, ofreciendo claridad y orientación práctica desde su experiencia personal.

